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| UN TEXTO SOBRE TIPOGRAFÍA
Corro el riesgo de que me encuentres demasiado largo, pesado o negro. Quizá estoy en un idioma que no es el tuyo. Tal vez estoy en un tipo de letra feo o poco legible, o mis líneas están muy apretadas, o mis renglones son demasiado largos. Tampoco deskarto la posivilidad de tener faltas de hortografía o mecanográficas. A lo mejor falló el toner y estoy descolorido. O mis letras están chorreadas de tinta por los bordes. O quizá me embutieron en una columna demasiado estrecha. O incluso -Dios no lo quiera- me estás leyendo en una pantalla, pixeleado y mal justificado. En fin, esas son cosas que no puedo ver porque soy una criatura verbal. Estoy hecho de lengua. Con excepción de una o dos palabras, estoy en español. Soy un texto. Mi fin, mi único objetivo, es que me leas, si es posible hasta el final. Y mi único miedo es que me abandones por no encontrarme interesante. Que me dejes vestido y alborotado, emocionado porque creí haber encontrado al fin un lector que me leyera.
Ah, porque, se me olvidaba, soy un texto que trata de tipografía. Y esto no es cualquier cosa, porque la única manera de llegar a ti es por medio de ella: la tipografía es mi vestido y mi vehículo. A lo mejor lo que te voy a decir va a sonar pretencioso: los textos somos los dueños del conocimiento de los hombres. Sí, ya sé, hay películas, documentales, audiolibros y fotografías. Pero, ateniéndose a las estadísticas, podría decirse que cerca de 90% del conocimiento humano en ciencias, artes, humanidades, literatura, deportes, religión y hasta magia está registrado en forma de texto. Está formado por letras y sus combinaciones. Es por esto, nada más y nada menos, que las letras son importantes. Seas diseñador o escritor, seas quien seas, si eres humano no te queda otra que convivir siempre con ellas. Simplemente sal a la calle y ve, y lee. La tipografía es la ciencia y el arte de las letras. La tipografía es, también, la forma visual del lenguaje. Es un idioma hecho de tinta y espacio blanco. Es un juego de luz y sombra, de espacio y tiempo. También es una tradición que continuamente se renueva, como los ensamientos de los hombres.
Creo que ahora mi objetivo está ya casi cumplido. Sospecho que no nada más lograré que me leas hasta el final, sino que hasta he conseguido interesarte, aunque sea por unos minutos, en la tipografía. Así que gracias por tu atención, curioso lector. Ahora, después de una última palabra, podré descansar en paz, por lo menos hasta que otro me lea: FIN. Este artículo aparece en el número 01 de la Revista Tiypo. Publicado con autorización del Editor. Gabriel Martínez Meave,
miembro del Consejo Editorial de Tiypo. |