COMO SER UN ESTUDIANTE EN EL EXTRANJERO - Parte 2
Consideraciones humanas para la convivencia intercultural

Udayana Lugo

Es muy probable –casi seguro- que sufran un shock cultural al llegar a su país destino. Mentalícense desde antes a varias cosas: para empezar no van a tener a su mamá que los consuele ni les prepare la comida ni les lave la ropa ni les recoja su cuarto (como sea yo esperaría que si este artículo va dirigido a gente con una edad promedio de 24 años no necesiten a su mamá ni a nadie para ninguna de las cosas anteriores).

Luego está el factor idioma, la verdad es que en la mayoría de los casos no importa si estudiaron la lengua local muchos años, porque la verdad es que en el salón de clases se habla un inglés distinto al de (inserten aquí el país al que van) o un italiano, francés, alemán, ruso, portugués… diferente al de los libros, más rico y hablado con distintos acentos (piensen en el porcentaje de español de otras naciones que captan) y velocidades (yo hasta me he acostumbrado a hablar un español más plano y neutral cuando estoy con amigos hispanos no mexicanos), eso sin contar todos los modismos y albures que al principio no van a captar (por ejemplo evito las palabras: chamaco, chido, chale, chabacano, etc. porque se que no me van a entender). Por si no entendieron lo de “chabacano”, según la Real Academia de la Lengua Española, significa “sin arte o grosero y de mal gusto”, es el significado que tiene en casi todos países hispano parlantes, muy distinto de lo que significa en México: chabacano=albaricoque. ¡Imagínense la cara de una amiga española cuando le di la receta de un pastel (torta) de chocolate y le dije que iba cubierto de mermelada de chabacano! Ciertamente me miró como si me hubiera crecido una segunda cabeza.

Sigue el factor comida: olvídense de los nopales, la mayoría de los chiles, del elote blanco, de la tortilla, del huitlacoche, del cilantro, del epazote, de la jamaica, de la papaya, del mango Manila… claro que esto depende de adonde vayan, hay países mucho más cosmopolitas en cuestiones gastronómicas (Gran Bretaña, Francia), otros (como Italia) más cerrados a probar cosas ajenas, en los que encontrarán casi totalmente comida regional (de hecho en Italia los restaurantes chinos y de kebabs árabes venden pizza para satisfacer a la clientela). Ir al super en otro país puede ser toda una experiencia cultural, encontrarán cosas familiares y otras totalmente exóticas, cosas conocidas preparadas de formas desconocidas, pero lo más importante es estar abierto a probar, tolerar y aceptar; el hecho de llegar a un país de intolerantes no les da derecho a portarse de igual manera, además de que esta actitud les hará ganarse enemigos. NUNCA critiquen amargamente los usos y costumbres del país al que llegan, sobre todo ante sus “nativos”, pueden hacerlo con su familia o sus cuates mexicanos, pero tengan tacto.

Es posible –y muy probable- que compartan la vivienda con otros chavos que se encuentran en la misma situación, muchas veces se juntan en un mismo departamento grupos eclécticos en cuanto a nacionalidad, raza, religión, etc. Si ese es el caso la palabra clave es tolerancia, seguida por cooperación. Comencemos por analizar “tolerancia”. ¿Qué significa? Que los otros tienen costumbres distintas a las nuestras, ojo, por distinto no estoy diciendo que uno sea mejor que otro, simplemente diferente. Por ejemplo, si tienen un compañero de casa musulmán, ¡no le ofrezcan vino! No piensen que porque ustedes disfrutan de las bebidas alcohólicas (con moderación, por favor), toooodos tengamos que hacerlo; si tienen el desatino de ignorar que el cuate es mahometano (a pesar de que proviene de Líbano, Turquía, Marruecos, etc.) y de todos modos le ofrecen una cerveza que seguramente rechazará, no sean impertinentes y los atosiguen con preguntas del tipo “¿Tienes problemas de salud? Es el hígado, ¿verdad? Lo supuse desde el primer momento en que te vi…” o “¿En serio no tomas nada?¿¿¿¿NUNCA???? Anda, tómate un vasito, no le digo a nadie…” Tampoco le ofrezcan carne de cerdo a un musulmán ni a un judío. Eviten el mirar fijamente con la boca abierta a sus compañeros de piso, seguramente les irritará (es muy molesto sentirse como animal en zoológico), peor si su curiosidad científica les lleva a hacer preguntas absurdas y más aún si son de carácter íntimo.

Pongamos un ejemplo en el sentido opuesto, tal vez ustedes no estén conscientes de ello, pero la gente del Primer Mundo nos ve a los del Tercer Mundo como a una bola de salvajes a los que acaban de bajar del cerro a tamborazos, la verdad es que se quedan sorprendidos cuando lo conocen a uno y se dan cuenta de que también nos vestimos a la moda (sin llegar al nivel fashion-obsessed de los italianos), que no vivimos en chozas construidas en las ramas de un gran árbol y que muchas veces hablamos más idiomas que ellos y hemos visto mucho más mundo… en fin, si escuchan la palabra vudú creen que automáticamente cualquiera de nosotros es un practicante experto, lanzándose a pedirnos cosas para hacer sufrir a sus más encarnizados enemigos o para lograr convertirse en la obsesión del objeto de su afecto, porque claaaaro los sudamericanos saben de esas cosas… y no, no me equivoqué al autonombrarnos sudamericanos, para el 99% de los europeos Sudamérica es desde México hasta la Tierra del Fuego, sin mencionar que estamos al Sur de la línea ecuatorial.

Y ya que mencioné el Ecuador, permítanme contarles una anécdota: tengo tres amigas ecuatorianas que una vez conocieron a un italiano que se les quedó mirando con la boca abierta en shock total cuando le dijeron de qué país eran, el comentario del tipo fue: “…pero si son blancas…”, el inútil creía que Ecuador es un país africano y no entendía cómo era posible que mis amigas no fueran de color, no necesito decirles que ellas lo tomaron por un idiota mayúsculo… Para concluir este inciso: no atosiguen, no sean impertinentes (no bombardeen con preguntas a sus compañeros de casa, cuando entren en confianza ellos mismos y ustedes se sentirán con la libertad de contarles a los demás como es su vida en su país de origen y de lo que encuentran interesante en este nuevo lugar), no traten de forzar a los otros a adoptar lo que a ustedes les gusta (dígase chile, mole, alcohol, tamarindo, sin contar ideas políticas, económicas, deportivas o religiosas), pero tampoco permitan que alguien más trate de forzarlos a algo que no les late.

La segunda palabra clave: cooperación. Ya sé que lo siguiente puede ser muy obvio para muchas personas, pero tampoco lo es para otras tantas: si van a vivir varias personas en un mismo departamento, pongan las cartas sobre la mesa desde el inicio (mejor si lo hacen antes de dar “el gran paso”). Hay gente maniática obsesiva de la limpieza, hay gente que tiene una tolerancia muy alta a la mugre y al desorden. Si su caso es el segundo, permítanme decirles que tienen un gran potencial de llegar a ser odiados. ¿Por qué? Alguien que se hace pato en los quehaceres domésticos al fin y al cabo está tratando a los demás como si fueran sus sirvientes, no como a sus iguales. Si ustedes se rehúsan a lavar el W.C., sus platos, la estufa, están relegando esa responsabilidad a otras personas y están mandando un mensaje que dice: “yo estoy por encima de esas labores, hazlo tú, que eres más apto (inferior a mi)”... ¿No les parece algo sumamente injusto? No sé ustedes, pero sin ser una maniática de la limpieza me daban ganas de fusilar al amanecer a mis guarros compañeros de casa (sobre todo cuando llegaba al baño y me encontraba… ufff, prefiero no especificar!). Quien comienza a comportarse de esta manera pierde todo derecho a la tolerancia y se merece ser echado a patadas del departamento. Es mejor tratar de ser empáticos, esto es: pónganse en los zapatos de los otros para entender como se sienten e intenten (cuando menos) evitar aquellas conductas que molestan a los demás: escuchar música a todo volumen –sobre todo a altas horas de la noche o los fines de semana por la mañana-; dejar todos los platos y las ollas sucios de manera que los otros no puedan ni cocinar ni comer; ocupar el baño durante 1 hora para depilarse las cejas y rizarse las pestañas; usar la toalla de otros; no jalarle al W.C. después de usarlo; subir los pies a la mesa en la que todos comen; tomar prestadas cosas ajenas sin permiso; monopolizar el teléfono; no pagar sus cuentas; comerse o tomarse lo ajeno, etc., etc. A estas alturas, me doy cuenta de que estoy canalizando a mi madre, al fin y al cabo siempre tuvo razón… Sabiamente decía Benito Juárez: el respeto al derecho ajeno es la paz.

Por supuesto, todo lo anterior se quintuplica si van a estar de arrimados con amigos o familiares. No crean que por estar en un ambiente de “confianza” pueden hacer lo que se les pega la gana sin consecuencias, no esperen que su pariente o conocido les diga qué hacer, ustedes son adultos y se supone que tienen la suficiente madurez para saber cuándo, cómo y en qué cooperar. No se trata de volverse el mayordomo/ama de llaves, sino de aligerar la carga extra que implica tener una persona más en casa. Arruinar una relación con desconocidos puede pasar sin consecuencias mayores, estropear una relación con familiares o amigos es un precio muy alto que no me parece que nadie esté dispuesto a pagar.


Udayana Lugo estudió la licenciatura en diseño industrial en la Universidad Nacional Autónoma de México. En el año 2000 ganó una beca de CONACYT para estudiar una maestría en diseño industrial en la Scuola Politecnica di Design, en Milán, Italia. Ha colaborado con distintos despachos de arquitectura y diseño en Milán, Roma y la Ciudad de México. Actualmente es catedrática en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey campus Querétaro de las materias de Teoría del Diseño, Dibujo y Dibujo Industrial por computadora.

Contacto: udayana.lugo@gmail.com