ALFABETOS HÍBRIDOS
Gonzalo García Barcha
Revista Tiypo 02

La arquitectura ha sido siempre una fuente de inspiración propicia para el diseño de alfabetos. Las pasiones culturales y tecnológicas de algunas sociedades se han perpetuado con la misma esencia en sus edificios y sus letras. Podemos pasear por las calles de Londres o Roma viendo arquitectura de diferentes épocas y encontrar correspondientes tipográficos.
Esto ha sucedido gracias a un esfuerzo colectivo y emite una señal de orden y coherencia entre el entorno abierto de la ciudad y la intimidad del libro. En este hemisferio, donde nada está normalizado, es un reto dejar que el entorno dicte las formas de nuestras letras. Estamos en México Distrito Federal, gran ciudad-estado del siglo XXI, donde los letreros más funcionales, hechos para ser leídos en una fracción de segundo, están rotulados en letra gótica;donde las pintas pelean como perros y gatos con los anuncios espectaculares. Es raro ver dos casas iguales en la misma cuadra. El mundo cambia de un número al otro de la calle. En el pavimento han trazado cinco carriles sobrepuestos. Los relieves en piedra de nuestra antigüedad, se evocan ahora en los cuerpos grasos de las letras con sombra proyectada del grafísta de barrio.
Propongo diseñar una fuente tipográfica inspirada por la Calzada de Tlalpan, populosa arteria que es igual en toda su extensión pero que no tiene dos edificios idénticos. Recorriéndola hay tantos mensajes que no se lee ninguno. Hay que poner la mente en blanco para sortearlos sin tropezar. Esto es posible en una cultura dominada por la información verbal, donde el que se pierde se orienta interrogando a la señora que atiende el puesto de flores. Siempre hay una señal que no sabemos descifrar, que nos distrae de la que es realmente funcional. Si podemos leer los anuncios institucionales, negamos los mensajes vernáculos. Vivimos envueltos en rótulos trazados por gente que no tiene la costumbre de escribir y de señales de tránsito ambiguas, o que se ignoran hasta anular su significado.
Imaginemos este alfabeto hipotético: Independencia de diseño arquitectónico, color y textura entre cada glifo. Materiales crudos, sin un acabado verdadero. Desorden en las alturas de los caracteres. Desnivel de la base de la letra. Recurrencia de elementos agregados a la forma original como orquídeas asfixiando a un árbol. La legibilidad ahí se la dejo a su criterio. Un desorden que resulta congruente, porque la ciudad es caótica, pero funciona. ¿Estámos tan siquiera hablando de un alfabeto romano?¿Cuál es la fuente tipográfica del techo de ondulado zinc, de la fachada de ladrillo con picos de botella en la corona? ¿Qué podemos robarle a la ropa colgada en la azotea que nos hable del espacio entre caracteres? ¿Qué nos sugiere un tinaco de agua para el diseño de un acento? ¿Podríamos utilizar los renglones que describe el alambrado público contra el fondo celeste?

Normalizar el país no parece ser una prioridad nacional. Resulta caro y no alcanza ni para el gasto. Además, nos embarcaría en una búsqueda de la identidad propia que muchos consideran banal (o peligrosa) en estos tiempos de globalización. Asumamos pues el presente estado de las cosas como un rasgo de esta identidad traspapelada y procedamos a crear los alfabetos híbridos que nos impone la realidad. A ver quién nos entiende.


Este artículo aparece en el número 02 de la REVISTA TIYPO. Publicado con autorización del Editor.

Gonzalo García Barcha, miembro del Consejo Editorial de Tiypo.
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